domingo 14 de junio de 2009

El metro a 80 cm

Por la mañana, mientras desayuna lee en la prensa: “Ante el excepcional deterioro económico, y los magros resultados de las empresas, en el Parlamento se ha aprobado una norma que, excepcionalmente para los ejercicios 2008 y 2009, permite multiplicar por tres el beneficio de su negocio. Si el resultado hubiera sido negativo, entonces se considera la opción de registrar anticipadamente las ganancias esperadas en los cinco ejercicios siguientes”. Es ficción, aún, pero recientemente las autoridades de EE.UU. han aprobado normas que permiten no aplicar valores de mercado (fair value, mark to market) a ciertos activos financieros y de este modo liberar a las compañías de registrar abultadas pérdidas por deterioro de valor. La Unión Europea se ha visto obligada a seguir el mismo proceder. El objetivo, dicen, es evitar que la actual volatilidad financiera se traslade a los balances de las compañías, lo que afectaría a los ratios de entidades que en estos momentos buscan desesperadamente capitalizarse. Desde los sectores beneficiados se argumenta que es preciso cambiar las normas contables dado que son procíclicas, que contribuyen a generar valor en épocas de bonanza y que lo destruyen en las de recesión. La contabilidad da fe de lo que ocurre en la realidad económica y refleja el palpitar del mercado, de modo que en fases de expansión se recogen las expectativas favorables, y a la inversa. Afirman que las caídas de valor no son pérdidas si no se vende, pero soslayan que esta lógica sería aplicable a las plusvalías no realizadas y sí contabilizadas. Estas alteraciones menguan la credibilidad de la información financiera; favorecen la pervivencia de las entidades, pero simultáneamente alimentan la desconfianza en los balances dejando a los inversores huérfanos de una referencia creíble. ¿Hay que proteger a las entidades o a los inversores individuales? ¿Las excepcionales circunstancias financieras justifican la adopción de cualquier criterio contable que favorezca la pervivencia de las empresas? Disimulando las pérdidas, permitiendo sociedades zombis, ocultando información… no se devuelve la confianza al mercado, ni se recupera el optimismo. La contabilidad registra la volatilidad de los mercados, y por ello se modifican las normas contables; se mata al mensajero para soslayar la realidad y no mostrar activos cuyo valor se ha deteriorado o se negocia con elevadísimos descuentos. La auténtica contabilidad refleja la realidad, la registra, pero no la crea ni la modifica. Tal vez, próximamente, se acordase acortar el metro a 80 centímetros y de este modo la mayoría de la población sería “talla pívot”.

Artículo publicado en la sección Tribuna de La Vanguardia el miercoles 10 junio 2009 por el Profesor Titular de Contabilidad de la UB Juan Luís Domínguez.